[21Diciembre]Día de acciones en solidaridad con nuestrxs compañerxs presxs

El día 21 de diciembre hacemos un llamado a dejar fluir la imaginación y
a expresar la solidaridad en sus múltiples formas. Mostraremos una vez
más que nuestrxs compañerxs presxs no están solxs, que continuan
presentes y así lo demostraremos en las calles.

Quieren elevar muros aún más altos no solo de hormigón y de acero, sinó
de soledad y aislamiento. Son estos muros que queremos derrumbar con
amor, cariño y rabia por nuestra compañera Lisa. Por todo esto y para
mostrar nuestra solidaridad con ella y con todxs nuestrxs compañerxs
presxs, convocamos:

CONCENTRACION EN LA EMBAJADA ALEMANA
EL DIA 21 DE DICIEMBRE A LAS 8.30H
Dirección: Torre Mapfre, Calle de la Marina 16 (Barcelona)

El hecho de haber recibido una condena no significa que la persona presa
esté “sólo” a merced de las instituciones penitenciarias. El aparato
policial y judicial del Estado siguen investigando, observando,
analizando y decidiendo sobre el destino de la condenada. Especialmente
cuando la presa no se ha arrodillado pidiendo clemencia durante el
juicio o no se ha auto-humillado en algún gesto de lo que el enemigo ve
como “reconciliación”, son incontables las maneras en que la justicia
sabe demostrar que las cuentas siguen abiertas. La negativa a colaborar
con los órganos policiales se considera como prueba de culpabilidad y
puede servir para mantener la investigación abierta hasta tiempo
indefinido. El silencio y la dignidad frente a los verdugos y sus
acusaciones se consideran encubrimiento del delito y pueden generar
nuevos expedientes.
Además, el hecho de ser socializada como mujer y no reproducir los roles
asignados, en este caso
por ejemplo, tener una actitud rebelde o una posición no sumisa ante la
institución, genera múltiples condenas que van más allá de una condena a
nivel jurídico, ya que también intervienen las condenas morales o
sociales, que vienen dadas por la estructura patriarcal y que marcan a
la persona las circunstancias del encierro.
El hecho de seguir desde el encierro expresando las propias convicciones
e ideas políticas y no negar quién es, lo consideran una falta de
arrepentimiento y un argumento de que la pena de cárcel no es
suficiente.
Y cuando el arsenal jurídico se agota en una condena “razonable”, es
decir, suficientemente larga para complacer la acusación, pero la ética
de la persona presa sigue intacta, la justicia no vacila en atacar los
lazos familiares, sentimentales y de amistad con el mundo exterior.
Además del hormigón, los barrotes, las luces artificiales y cámaras de
vigilancia que más allá de truncar la vida la asfixian, se añaden
montañas de papel que hay que cruzar para obtener el simple contacto
humano con la gente cercana. Solicitudes, permisos, autorizaciones,
prórrogas, que ponen a prueba la voluntad de no sentirse vencida.

El pasado 7 de junio, Lisa, nuestra compañera anarquista, fue condenada
por el tribunal de Aachen (Alemania) a 7 años y medio de prisión por
atracar un banco. Actualmente, estamos a la espera de conocer el
resultado del escrito presentado por los abogados que, en caso de
aceptarse, supondría la revisión de la sentencia y que el juicio se
celebrara de nuevo. Por lo tanto, la compañera se encuentra todavía en
régimen preventivo en la prisión de Köln. A principios de noviembre su
madre murió, debido a una enfermedad que ha durado varios meses. En este
tiempo, tanto la fiscalía como el juez le han negado la posibilidad de
ir a visitarla al hospital, alegando “riesgo de fuga” y también el
permiso para acudir a su entierro.

Más allá de la argumentación jurídica del enemigo, sus mecanismos
funcionan de manera insidiosa. Como en tantos otros casos, donde la sed
de venganza de la justicia no se ve calmada con una simple, por larga
que sea, condena de prisión, el enemigo sigue atento a cada supuesta
debilidad de la presa para someterla. Está claro que se trata de una
medida puramente vengativa como respuesta a la postura firme y no
colaboracionista de la compañera. Un castigo adicional pensado para
agravar la ya dura condena de encierro, un intento más de doblegarla,
esta vez apuntando hacia su vida privada y ámbito personal. Una lógica,
nada nueva, de chantaje judicial con el objetivo de socavar su
coherencia y sus convicciones políticas.

Quieren elevar muros aún más altos, no sólo de hormigón y de acero, sino
de soledad e aislamiento.
Son estos muros que queremos derrumbar, con amor, cariño, rabia y
solidaridad por nuestra compañera Lisa.

Con odio al enemigo.
No olvidamos. No perdonamos.

Algunas compañeras anarquistas

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